
Bienvenidos a un lugar para la crítica donde no se necesita ser una pluma reconocida, sólo reconocer que Uribe no es la panacea que muchos alrededor creyeron que era.
Caricatura: Cortesía El Espectador
Autor: Garzón
Este blog se ha retirado de circulación por decisión misma de sus autores. Su archivo seguirá disponible para consulta. Gracias por el apoyo recibido mientras estaba en vida.
7 millones y medio de votos después y con la aplanadora uribista en el Congreso, se supone que en este momento el país debería haber resuelto sus verdaderos problemas y convertirse en el país más feliz del mundo. Bueno, somos el segundo, según estudios. Los resultados del período anterior de Álvaro Uribe sólo existían en cifras y lo que mostraban los parlamentarios furibistas eran listas y listas de cifras y estadísticas para "probar" cómo estaba marchando de bien el país.
¿Cómo pueden esas cifras coincidir con lo que se ve a diario?
Aquí no se debe pasar por alto que a un director del DANE, el departamento de estadística del Estado, prácticamente lo empujaron a que renunciara por tratar de publicar unas cifras de percepción de seguridad que arrojaban resultados contrarios a la imagen positiva de los programas del Plan de Gobierno. Este hecho ocurrió casi al principio del primer período de Uribe, pero pareciera que a la gente se le olvidan estos incidentes.
Por otro lado, los parlamentarios que apoyan la seguridad democrática, o han tenido vínculos de dudosa índole, o son barones electorales que no quieren dejar el poder y siempre han gobernado este país, a pesar de que lo han llevado por muy mal camino, o bien buscan beneficios de inetrès personal (llámese embajadas, consulados, contratos, licitaciones, ministerios, existen muchas formas de pagar favores).
La revista Semana en una de sus últimas ediciones, habló de un descenso en la favorabilidad de la imagen de Uribe, pero el canal RCN presenta que los niveles de aceptación se han mantenido en un 70%. No se me ocurre hasta qué punto la gente permitirá que la sigan engañando de esa manera, no sólo con información sin contraste y con un discurso de optimismo ficticio, sino con toda clase de productos (novelas, realities, programas de variedades, chismes, secciones de farándula, de todo un poco) que los alejan de la realidad del país. No una realidad amarillista y morbosa, sino las historias del país que se construye a diario, no el que se destruye ni el que se miente a sí mismo, y menos al que le mienten.
Es verdad que la seguridad para nuestro país es importante y que la paz es una utopía que todos esperamos se haga realidad en algún momento de la historia. Pero la seguridad y la paz se consiguen cuando desde el interior de la sociedad, existen oportunidades reales y concretas para que cada colombiano desarrolle su propio proyecto de vida. Que en efecto es ciudadano de su país, que pertenece a él porque se siente acogido por sus instituciones, acogido y protegido por su Estado, no atacado, ni perseguido, ni ignorado, ni despreciado.
Es así como yo siento que debe sentirse ahora la mayor parte de los colombianos. Sin embargo, ¿cómo es posible que le sigan dando su voto de confianza a Álvaro Uribe, un gobernante represivo, autoritario, calumniador?
Siete millones y medio de personas no son la totalidad de la población colombiana y si así es, una cantidad mayor de ciudadanos no votó en las pasadas elecciones, porque la gente ya no cree en que haya alguien capaz de resolver sus problemas, ojalá se hayan dado cuenta que es cada uno de ellos y no un Mesías quien debe empezar a hacerlo, a creer en sus necesidades y poner en marcha sus propias soluciones.