
En eso nos tienen enredados tanto Álvaro Uribe como las FARC. Un conflicto sin fin, una eternización de la guerra en Colombia. A ninguno le interesa el acuerdo humanitario, a ninguno le conviene que la guerra se acabe porque las dos partes VIVEN DE ESO, DE LA GUERRA.
Manuel Marulanda envió una carta a todos los miembros de las FARC el 24 de diciembre, publicada apenas este 2 de enero, donde declara una ofensiva frontal "en carreteras, veredas, selva, centros urbanos, caseríos, cuarteles, sin dar tregua al enemigo". Mientras tanto, Uribe evita a toda costa que se realice alguna liberación de secuestrados, porque sabotea la Operación Emmanuel con las mentiras sobre operativos militares en la zona, con la historia del niño del ICBF, con la campaña presidencial de "No al despeje".
En este blog claramente no le creemos a Álvaro Uribe, pero tampoco le creemos a las FARC, no creemos en que quieran hacer un gesto de desagravio, ni para Chávez, ni para nadie, y estamos mamados de esta "verdadera guerra entre dos carteles", expresión en buena hora escrita por uno de los visitantes de Felipe Zuleta. ¡Ojalá se le hubiera ocurrido a la Minoría desinformada! De todas maneras, la frase describe muy bien la sinsalida en la que Álvaro Uribe y la guerrilla de las FARC nos tienen secuestrados a todos los colombianos, porque ninguno quiere ver de regreso en sus casas a los prisioneros ilegítimos de las FARC, ninguno quiere la paz en Colombia, porque se les acaba el negocio: al Gobierno, del 6,4% del PIB invertido en guerra, el mayor porcentaje de país alguno en el mundo, invertido en armas y violencia; y a las FARC, de los enormes réditos del narcotráfico y las donaciones hechas por personas en los países escandinavos.
Y estamos cansados del adoctrinamiento de tantos colombianos, que nos quieren poner a pelear y a matarnos entre nosotros mismos, con argumentos como éste, encontrado en el blog Tienen Huevo, que nos indignó sobremanera:
existen dos tipos de colombianos: los que apoyan el terrorismo y la barbarie como forma de lucha haciéndole la segunda a los asesinos y los que nos negamos a arrodillarnos ante el terror.
Esa taxonomía macabra nos coloca en patíbulos opuestos de ambos actores del conflicto armado. Nos obliga a empuñar armas que no queremos jamás usar contra nadie. Nos pone a disputar un juego en el que no elegimos participar. Un juego cruel en el que dolorosamente metieron a la fuerza a varias familias colombianas: a quienes entregaron sus hijos a combatir en una guerra para la protección de los bienes de unos cuantos poderosos, a quienes prepararon a sus hijos para ayudar a construir una Colombia mejor por la vía de la democracia, a quienes sencillamente nacieron en este país. No hay derecho a ser obligados a apoyar a ninguna facción. Nosotros aquí en nuestra bitácora sólo queremos manifestar que no pertenecemos a ninguno de los dos, no por indiferencia, no porque el conflicto esté a doscientos kilómetros de nosotros, sino porque queremos pertenecer a los que creen en la verdadera paz.
Imagen: Minoría desinformada
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